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La ancestral técnica mapuche para confeccionar la característica «manta del Lonco» (trarikanmakuñ) erróneamente conocida como manta cacique, se conoce como Kimün trarikanmakuñ Wallmapu, aunque es la prenda textil tradicional mapuche que sintetiza el proceso tecnológico y simbólico.

La práctica fue consagrada en 2018 como parte del Inventario de Patrimonio Cultural en Chile, hito relevante porque permite desplegar nuevas acciones para salvaguardar de esta técnica milenaria, mantenida por generaciones, informó la subdirectora (s) de Patrimonio Cultural Inmaterial, Cristina Gálvez en un encuentro convocado por la Subdirección Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial, con el apoyo de la Municipalidad de Cholchol, región de La Araucanía, con cultoras de la práctica.

La seremi de las Culturas de la región del Biobío, Orly Pradena, dijo que la reunión es «un espacio para que los distintos organismos a nivel regional, comunal y local puedan reconocerse, identificar y valorizar el patrimonio inmaterial en sus regiones y comunas y entender que la salvaguardia del patrimonio inmaterial demanda un proceso multisectorial, así como potenciar los vínculos entre las cultoras (witraltukufe de trarikán-tejedoras de trarikán) y las instituciones que inciden en mayor o menor grado en la continuidad de las prácticas y saberes de las comunidades que habitan estos territorios”.

EL TEJIDO

La milenaria práctica, también conocida como “teñido por reserva”, “reserva de urdimbre” o “manta amarrada”, recoge métodos empleados en el tejido, así como en la propia prenda como un concepto integral que da cuenta de las diversas dimensiones del producto de las tejedoras, quienes han recibido estos conocimientos (Kimün), tradiciones, significados y tecnologías por línea femenina, dando forma a piezas textiles con diseños de alta complejidad.

Entre las principales problemáticas detectadas para su continuidad se encuentra el impacto negativo sobre el medioambiente, además de la subvaloración en la venta de estas piezas que exigen largas jornadas de trabajo, incluso meses, para cada una, hechos que dificultan la comercialización y difusión de esta tradición. Se suman las transformaciones socioeconómicas y socioculturales en el territorio, las  políticas de propiedad de tierras y cambios de uso de suelo que dificultan el acceso a materias primas; así como la disminución progresiva del recambio generacional que se ha ido perdiendo y acentuando el desconocimiento de las características culturales y patrimoniales de la práctica. Su incorporación oficial al Inventario de Patrimonio Cultural en Chile busca, precisamente, encarar estas problemáticas específicas.

Encuentro de tejedoras

En el encuentro participaron tejedoras de las regiones del Biobío y La Araucanía, convocando cultoras de las comunas de Cañete, Tirúa, Lebu, Contulmo, Padre Las Casas Los Álamos y Cholchol, quienes solicitaron una nueva reunión en la comuna de Tirúa.

El proceso responde a un mandato de la UNESCO apuntado a desarrollar un trabajo desde el Estado, en su conjunto con los distintos sectores e instituciones pertinentes, para generar las condiciones que favorezcan la continuidad de los patrimonios culturales inmateriales en el país. Gálvez recordó que la subsecretaría trabaja desde hace varios años con las cultoras de la técnica Trarikan presentes en las regiones de La Araucanía y Biobío, relevando la importancia del ingreso de esta técnica al Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial.

“El Estado de Chile, a través del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, reconoce y valora los saberes y prácticas de las tejedoras del Kimün Trarikanmakün Wallmapu y a ellas como herederas y propietarias de sus saberes”, agregó.

MANDATO UNESCO

Durante el encuentro, la profesional de la Subdirección de Patrimonio Inmaterial del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural, Katherine San Martín, explicó que “al ingresar al Inventario, las comunidades pueden postular a Tesoros Humanos Vivos, Fondos de Patrimonio, a la Lista Representativa de la UNESCO, o Lista de Salvaguardia Urgente; y además, desarrollar un Plan de Salvaguardia, «que es la etapa donde se diseña un plan de trabajo para disminuir las problemáticas detectadas por las comunidades”.

San Martín destacó que «si bien la salvaguardia de la práctica depende de las tejedoras, como herederas y propietarias de la misma, su proyección requiere de un trabajo conjunto con distintos sectores del Estado para acceder a las condiciones que favorezcan la continuidad y puesta en valor de los patrimonios culturales presentes en el país».