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Entre las 244 obras de diversas disciplinas, formatos, dimensiones y lenguajes dentro del campo de las artes de la visualidad impulsada por el Programa de Fomento y Difusión de las Artes de la Visualidad de la Subsecretaría de las Culturas y las Artes, está el trabajo de Rocío Hormazábal Vallecillo (Santiago, 1982) artista visual y fotógrafa. Diplomada en Gestión Cultural por la Pontificia Universidad Católica de Chile y licenciada en Artes con mención en Artes Plásticas por la Universidad de Chile.

Para efectos del Programa, Hormazábal realizó la muestra individual “Casa de muñeca” (Centro Cultural de La Pincoya, 2019), aunque también ha exhibido su obra en colectivas y realizado performances en festivales, galerías y centros culturales. Paralelo a su carrera como artista se ha desarrollado como monitora, tallerista, actriz con experiencia en cine, series de televisión y teatro, y modelo de fotografía, dibujo, pintura y escultura.

Sus obras ofrecen una mirada social crítica de los estereotipos de belleza e idealizaciones estéticas, y están basadas en la biografía de Rocío Hormazábal, quien también es activista contra la gordofobia. Sus trabajos abordan disciplinas como la performance, técnicas mixtas, instalaciones, fotografía y el autorretrato, las que trabaja con elementos que se encuentran a su alcance (celulares, cámaras pocket, etc) y que son de uso cotidiano.

Mediante la obra Mujer acicalándose (en la foto principal), Rocío Hormazábal propone preguntas: ¿Qué soñábamos cuando jugábamos a las barbies? ¿Cómo un juguete invita a las mujeres a proyectarse como ejemplos de independencia y perfección frente a la sociedad?

La fotografía nace con el fin de reflexionar sobre los cuerpos disidentes, la gordofobia y la cosificación de la mujer en relación a su idealización social, cultural y machista. Al trabajar con la dinámica del autorretrato, la artista se presenta como una mujer que realiza un acto natural y en la intimidad: acicalarse para ella misma y no para los demás.

Su trabajo invita a reflexionar sobre la gordura como un rechazo y la marginalidad que viven las personas obesas, quienes muchas veces están aislados de amparo social y se les exige una imagen impecable, correcta y pudorosa. Por esto, la obra invita a las personas a proyectarse con un cuerpo subversivo, feliz y contestatario.