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Un hombre camina dentro de un espiral que avanza de menos a más. El espiral, creado con acero y fibra de vidrio, crece y  crece, por ende, también el recorrido del ser humano que transita en él.  ¿Quién es? ¿De qué se trata? ¿Por qué camina allí? Sólo sabemos que el instante plasmado en la obra, el hombre está de cabeza. El espiral nos dice que su trayecto ha implicado estar así más de una vez.

El misterio comienza a resolverse al contemplar el entorno de la obra. Esa es la mayor gracia del arte en el espacio público. Cómo complementa la escultura su lugar de emplazamiento y como éste entorno aporta a ella, además,  de la siempre libre interpretación de cada transeúnte.  No por nada el mismo autor ha dicho:  “Tener una obra en el espacio público habla de lo democrático que llega a ser el arte. Está a disposición de la ciudad, del paisaje, de la gente, de todos”.

“El Espiral” del destacado escultor chileno Osvaldo Peña,  está ubicado en calle Nueva Tajamar, afuera del edificio World Trade Center, frente a la gran Torre de Santiago del Costanera Center, la más alta de Sudamérica. Es decir, en pleno centro de negocios.

Uno podría insertarse en la obra de gran tamaño para reflexionar sobre ella o simplemente observar el rumbo de ese hombre. En ambas se percibe el vértigo de caminar por ese espiral. Pero también la liberación de avanzar hasta el final. Porque  el espiral es finito, termina en el suelo y el hombre, si terminara el recorrido, lo haría con los pies en la tierra.

Precisamente, el “cierre” de “El Espiral” está abierto: como si del hombre y su coraje en el trayecto dependiera el desenlace. Pareciera que, desde el centro de negocios, se proyectara al mundo.

La tensión entre el hombre y el mundo moderno siempre ha estado presente en el trabajo del escultor, tres veces ganador del Premio Altazor: los conflictos existenciales del ser humano contemporáneo. “En esta pega de artista, se trabaja hasta cuando estás soñando. Cuando las personas en la calle se tapan la cara, caminan, se detienen, yo les descubro la gestualidad. Para mí es fundamental transmitir una emoción, un estado del alma”, dice el escultor.

Sus obras están en el Parque de las Esculturas de Providencia, la Universidad de Talca, la Ciudad Empresarial en Huechuraba, frente al Mercado Central y en el Parque Forestal. Asimismo, destaca su presencia en el programa MetroArte, que incorpora arte chileno en el transporte subterráneo.

Hay esculturas suyas en las estaciones Baquedano, Universidad Católica y Santa Ana. Un camino que comenzó trabajando con fibras de vidrio y resinas de plástico, para incursionar luego con la madera y el metal.

“El Espiral” y en general sus trabajos son monumentales, reflexivos; conjugan armonías, equilibrios geométricos con la fragilidad de las formas humanas. Se trata de un referente escultórico en la tridimensionalidad y la representación de la figura humana. “El Espiral” está ahí «para cuestionarnos en el camino y reflexionar sobre él hasta dónde queremos y podemos llegar”. Ojalá, como  se puede deducir del climax de su obra, con los pies en la tierra.

(Crédito fotografías: callechile.blogspot.com)