Un cincuentena de pinturas de vanguardia ucraniana se están exhibiendo desde el martes recién pasado en el Museo Thyssen-Bornesmiza de Madrid, a salvo de los ataques y sin un rasguño, tras un peligroso convoy de arte en guerra que partió hace dos semanas desde un Kiev, aún asolado por los cortes de electricidad e intensos bombardeos.
Francesca Thyssen-Bornesmiza, impulsora de la iniciativa Museos por Ucrania y una de las ideólogas de un traslado gestado durante meses dijo a la RTVE que “Decidimos cambiar el viaje a un martes porque todos los lunes bombardeaban Kiev, pero ocurrió lo contrario. Los camiones atravesaron Leópolis alejándose de cualquier infraestructura que podía ser objetivo. En la frontera polaca dos quedaron retenidos durante unas 12 horas producto del impacto de un misil. Despertamos a todos los políticos que conocíamos entre Ucrania y Polonia esa noche. Al final no fue un ataque ruso, respiramos aliviados, se abrieron las fronteras y los camiones pudieron atravesarlas».
Según informa el medio español, el movimiento que ha sido “muy complejo” con importantes costos en seguros, que han pagado de su bolsillo coleccionistas privados. Un “acto de fe urgente” con el objetivo de esquivar el “genocidio cultural”, agrega la experta. “Putin quiere controlar toda la narrativa del país. Eso incluye la destrucción de la cultura, de archivos y de tradiciones como hizo Stalin en ‘El Holodromo’”, añade Thyssen.
Los cuadros que integran la muestra En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930 proceden del Museo Nacional de Arte y del Museo de Teatro Música y Cine de Kiev. El rescate fue activado por varias instituciones como el Ministerio de Cultura, el Museo Thyssen y el empeño del presidente ucraniano, Volomir Zelenski, para salvaguardar un patrimonio auspiciado por la Unesco desde el estallido de la guerra.
La muestra del Museo Thyssen abarca la convulsa horquilla temporal desde la guerra de independencia en Ucrania en 1921 al periodo de la represión stalinista de 1932 o «Holodomor», con la persecución de cientos de intelectuales y la aniquilación sistemática de obras que valoraban como “degeneradas y decorativas”. Sin embargo, en un real acto de rebeldia, la cultura ucraniana vivió esos años una efervescencia encarnada en una experimentación constante en las figuras de Oleksandr Bohomazov, Vayl Yermilov o Anatol Petrytsky, entre otros artistas representados como Sonia Delaunay o Malevich.
La exposición de Madrid recorre un amplio abanico de estilos desde el neobizantinismo al cubofuturismo, con la pretensión de distanciar el arte ucraniano del ruso con el que tradicionalmente se ha fusionado.
(Fotografía principal: ‘Tiovivo’, 1921. Davyd Burliuk. National Art Museum of Ukraine

‘Fotógrafo’, 1927. Ivan Padalka. National Art Museum of Ukraine

Oleksandr Bohomazov, ‘Afilando las sierras’, 1927. National Art Museum of Ukraine
Marina Drobotiuk, conservadora del Museo Nacional de Ucrania, señaló que “queríamos mostrar al mundo todo lo que la pintura ucraniana tiene que ofrecer y por primera vez se exponen fuera del país. La vanguardia ucraniana es independiente de la rusa, pero durante muchos años se les cambió el nombre a los cuadros. Algunas de estas obras se encontraban en un fondo especial secreto para los autores que los soviéticos consideraron enemigos del pueblo, por eso se han conservado”.
A contar del próximo abril de 2023, los lienzos del Thyssen viajarán al museo Ludwig de Colonia, en Alemania, una nueva sede de acogida en una itinerancia europea. Preocupa ahora el expolio cultural que habrían sufrido ciudades ocupadas como Jersón, donde las autoridades ucranianas han denunciado el saqueo a manos de las tropas rusas de 15.000 objetos artísticos del Museo Regional de Arte Shovkunenko.
“Parece una repetición de lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. Es una violación de todas las leyes internacionales”, afirma sobre el robo de bienes culturales, Konstantin Akinsha, teórico de arte y otro de los comisarios ucranianos de la exposición en el Thyssen-Bornesmiza.

