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Durante mucho tiempo se ha creído que los antiguos egipcios utilizaban la momificación como forma de preservar el cuerpo después de la muerte. Sin embargo, según argumenta una nueva exposición en Inglaterra, la elaborada técnica de enterramiento era en realidad una forma de guiar al difunto hacia la divinidad. Lejos de asegurar la supervivencia de los rasgos de cada individuo, la momificación pretendía ayudar a que los dioses aceptaran a los muertos en su reino.

«La idea que heredamos de los victorianos, de que todo se hacía para conservar un cadáver igual que en vida, no es correcta», dice Campbell Price, un destacado egiptólogo y curador de la exposición.

Uno de los errores en los que radica este paralogismo, es que los investigadores victorianos creían que los antiguos egipcios conservaban a sus muertos de forma similar a como se conservaría el pescado, debido a que ambos procesos contenían un ingrediente similar: la sal.

«La idea era que se conservaba el pescado para comerlo en algún momento futuro», afirma Price en una entrevista con la revista Live Science. «Así que asumieron que lo que se hacía al cuerpo humano era lo mismo que el tratamiento para el pescado».

Sin embargo, la sustancia salada que utilizaban los antiguos egipcios difería de la sal utilizada para conservar la pesca del día. Conocido como natrón, este mineral de origen natural abundaba en los lechos de los lagos cercanos al Nilo, servía como ingrediente clave en la momificación y se utilizaba en los rituales de los templos.

Además, la fuerza de la creencia errónea que Price espera ahora invertir, se debe, según él, a las actitudes coloniales de los primeros arqueólogos, apoyadas hoy por nuestro mayor interés en la apariencia personal. Los arqueólogos suelen encontrar momias colocadas con un sarcófago que muestra la imagen del difunto. «Cuando la gente mira una cara dentro de una momia y dice, ‘oh, se parecían a nosotros’, es sólo una ilusión», afirma el experto. Según él, los objetos o las máscaras funerarias dan una imagen idealizada de la forma divina.

Como parte de la exposición, el museo mostrará una serie de máscaras funerarias, retratos de paneles y sarcófagos asociados a los antiguos entierros egipcios, ofreciendo una prueba más de las intenciones originales de la momificación. Sin embargo, no aparecerán en la escáneres de TC ni imágenes de reconocimiento facial.

La momia de Ramsés II., fallecido 1213 a. C., hallada en 1881.

El egiptólogo Howard Carter en la cámara sepulcral de Tutankamón.

«Todo el escaneo más reciente se remonta al arqueólogo eduardiano Flinders Petrie, que estaba interesado en medir los cráneos dentro de las momias para ver si coincidían con las ideas británicas de lo que debería ser un ser humano», dice Campbell Price. «Es el trasfondo más bien siniestro de la egiptología del que nos distanciamos».

«Momias de oro de Egipto» (Golden Mummies of Egypt) se expondrá en el Museo de Manchester a partir del 18 de febrero de 2023. Un libro con el mismo título escrito por Price y publicado por el museo acompaña la exposición. (DW Editado por Isabella Escobedo)