Skip to main content

(Columna de Opinión)

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), analizó los beneficios de hacer actividades culturales y artísticas desde la infancia y determinó que promueven la buena salud, retrasan la aparición de enfermedades físicas y mentales, y ayudan a entender el mundo desde otra perspectiva.

El estudio también revela que los niños pequeños cuyos padres les leen antes un cuento antes de dormir, tienen mayores índices de concentración en las clases. Y que entre los adolescentes, la práctica de teatro, desarrolla la habilidad la toma de decisiones responsables, mejora el bienestar y reduce la exposición a la violencia.

Imaginemos un escenario distinto. Sin lectura, sin arte, sin música y sin herramientas de expresión, estamos limitando a nuestros jóvenes y el potencial que podrían desarrollar.

Sin las artes, el ser humano pierde su capacidad creativa y cuando cumple 20 años, apenas cuenta con un 10% de sus habilidades para imaginar y construir sus sueños.

Sin educación artística, el adolescente se vuelve triste al sentirse atrapado en un condicionamiento rígido, sin acceso al humanismo y la creatividad.

El impacto de las artes y la cultura en la educación es fundamental para disminuir la deserción escolar, un problema que se ha visto duplicado a raíz de la pandemia pasando a tasas de hasta el 5%. Por lo que ofrecer a los estudiantes espacios de creatividad e interacción con las artes, se ha vuelto cada vez más crucial, no sólo como una herramienta de retención sino que también como un aporte concreto para sus vidas y su futuro.

Todo apunta a un nuevo tipo humano, donde las habilidades sensitivas, emocionales, intuitivas y creativas serán el centro de una nueva cultura. Integrar a las artes en la educación es un paso ineludible para poder evolucionar como sociedad.

 

Elisa Ibáñez