
Activa y audaz buscadora que, como aprendiera de su maestro argentino Aurelio Macchi, quiere “vivir la vida desde el arte”, la escultora y académica chilena, María Angélica Echavarri Gleisner, no teme al uso de distintos materiales, a explorar su capacidad plástica y jugar con sus posibilidades.
Nacida en Temuco, Chile, el 27 de diciembre de 1955, realizó estudios de Pedagogía en Arte en la Pontificia Universidad Católica de Chile; se formó en la pintura en el taller de Ximena Cristi y, en Buenos Aires, Argentina, estudió en el taller del pintor Carlos Gorriarena y luego con el destacado escultor Aurelio Macchi.
Consultada por ArtPost sobre su metodología y lenguaje, Echavarri reconoce que “los procesos creativos en su dimensión de intimidad y particular punto de vista son complejos. En mi caso estoy permanentemente creando; al menos pensando en formas, en ideas para el arte. Una obsesión creativa, pero para nada forzada”.
Indica, no obstante, que “el desarrollo de una obra involucra un marco teórico que se basa en la motivación que cierto objeto o situación genera en mí. La lectura, la observación, la reflexión, situaciones cotidianas son el comienzo de una nueva obra o serie. En general me mueve todo lo relacionado al ser humano. Su aspecto, sus emociones, su situación social, su comportamiento, su evolución, sus desafíos. Dibujo mis ideas a modo de apuntes, para no olvidar el instante en que percibí algo, que me puede servir o no, para mis proyectos. Trabajo mucho con bocetos en greda o papel, para finalmente llegar al material adecuado para lo que quiero expresar”.
Con Edison, quien legó la conocida frase que explicaba el éxito como “un 1% de inspiración, 99% de transpiración”, coincide en que “La tan ansiada inspiración es trabajo permanente. Tanto intelectual como físico. Ahí es cuando aparece. Aunque debo reconocer que a veces por mucho trabajo que se haga, son inevitables los períodos de “sequía creativa”. Eso también sucede y he aprendido a esperar y no desanimar. Son momentos de crecimiento. Provocan incomodidad y hay que aprender a convertirlos en “camino”.
En el desarrollo de su carrera, Echavarri fue directora de la Corporación de Amigos del Arte entre 1996 y 1998 y en 2003 ganó el concurso para el monumento al senador Jaime Guzmán junto al arquitecto Nicolás Lepthay, el conjunto escultórico de mayores proporciones ejecutado en el país que fue inaugurado en 2008. La pieza central del memorial es una escultura de bronce que pesa doce toneladas y está compuesta de 66 personajes que miden en promedio dos metros de alto, y que alineados componen un cuerpo de 22 metros de largo, los que aparentan caminar sobre un espejo de agua de 36 metros de largo por 18 metros de ancho.
En el año 2008, fue directora de la Corporación del Patrimonio Franciscano; el 2009 fue Consejera de la Corporación de Patrimonio Cultural y Religioso de Chile; entre 2009 y 2011 ejerció el cargo de directora de la Sociedad de Escultores de Chile, SOECH y entre 2010 y 2011 representa a SOECH ante la Comisión Nemesio Antúnez en el Ministerio de Obras Públicas, MOP, Santiago, Chile.
Al analizar su trabajo, entre aquellos por encargo, concurso o los espontáneos, la artista afirma que “Son totalmente distintos, aunque igualmente libres en lo fundamental. Empezando por la libertad de hacerlo. Los proyectos personales obedecen a cosas quizás más íntimas desde su comienzo. No hay fechas límite ni a nadie a quien rendir cuentas. Los encargos tienen un objetivo distinto, obedecen a una necesidad de otros. Es muy interesante y desafiante porque te pone en un lugar -en donde no siempre estás en tus momentos creativos personales- que es el lugar del otro. Lo que se espera de tu trabajo se basa en tu trayectoria, por lo tanto, la expectativa del resultado es también una exigencia extra. Así y todo, me gustan los concursos”, señala.
Respecto de los materiales, la escultora afirma que ha usado “desde los más clásicos en la escultura como el bronce y la piedra, hasta los menos convencionales como el papel de diario o el mimbre, con el que realicé una muestra en el MNBA el 2012 que se llamó Efímero. En las obras en espacios públicos he trabajado el bronce y el acero inoxidable por sus características apropiadas para el exterior. No le tengo miedo al uso de distintos materiales y jugar con sus posibilidades. Sin miedo, con pasión».
Asimismo, valida el color en la escultura. “Se ha usado en períodos y culturas muy antiguas tanto precolombinas como egipcias, griegas y otras. Todo lo que sea en beneficio de la obra, de su expresividad o lo que el artista quiere que se entienda me parece un aporte en el volumen por lo tanto, bienvenido el color en la escultura”.
Durante el período inicial de su formación reconoce la influencia de los clásicos, Miguel Angel, Carpeaux, Rodin. “Después de ellos, concluye, miro a los que más puedo y he aprendido de todos. Mi maestro, Aurelio Macchi, gran escultor argentino, fue quién marcó mi carrera, no tanto en cuanto a la imagen que proyecto a través del volumen, sino en la manera de plantearme los objetivos escultóricos. De pensar mi vida desde la escultura. De vivirla desde el arte”.

San Francisco de Asis, Universidad Católica, María Angélica Echavarri, tamaño 127.4 k

Desnudo Mujer IV, Colección particular, María Angélica Echavarri, Bronce, 9 cm de alto.

Anhelo I, Colección particular, María Angélica Echavarri, Bronce, 16 cm de alto

Con-Tacto, Colección particular, María Angélica Echavarri, Bronce, 19 cm de alto

Anhelo, Colección particular, María Angélica Echavarri, Bronce

Exposición UNAB, María Angélica Echavarri
