Un total de 9 obras forman este conjunto escultórico. Decimos conjunto porque si bien cada pieza es una unidad en sí misma, suman entre sí para lograr una imagen unitaria en plena rotonda Aeropuerto Carriel Sur, Concepción, Región del Bío-Bío.
Se trata de “La Revolución del Trompo 2” del escultor Cristián Salineros; una continuación de su primer proyecto que tiene origen en el tradicional y popular trompo chileno. “El juguete está construido a partir de una pieza de madera que se somete al torno y a la mano para convertirse en un atractivo objeto que desde su formalidad y autonomía tiene la particularidad de mutar en múltiples formas”, comienza a explicar el artista en su sitio web.
“A partir de esta cualidad, se desarrollan nuevas formas sutilmente dibujadas en el espacio y de una breve existencia, lo que provoca el inicio de la Revolución: instante en que el trompo comienza a girar desarrollando nuevas formas hasta lograr una estabilidad con la que recupera su forma original,”.
Es en ese proceso, donde a cada nueva forma se le ha hecho un registro fotográfico para utilizarlas como referentes para desarrollar el proyecto.
Según explica el mismo artista “cada una de las obras de su proyecto Revolución del Trompo está dispuesta “en su pequeña muerte”, entendiéndola como cada detención y de forma azarosa, como si estuvieran esperando su re-funcionalidad. Es decir, apelan a ser usadas nuevamente interpelando al observador a través de la ironía de su formato y la imposibilidad de un relanzamiento que permita ponerlos en función. Imponen una nueva manera de jugar ya que a pesar de su desplazamiento de forma, formato y contexto, siguen siendo juguetes y no han perdido su cualidad lúdica”.
“Su sistema de construcción responde a la representación de la virtualidad del desarrollo de esas formas que deconstruyen el objeto original (forma de origen), pero que no pierde su memoria, más aún, la interpelan en su real existencia, por lo que las formas se reinstalan en el lugar con toda su magnitud volumétrica sin que aparentemente estuviesen ahí, permitiendo a veces una lectura visual entremezclada que oculta su autonomía, pero que se dejan descubrir en el recorrido del trabajo, develando la virtualidad de las formas y a su vez generando un grafismo en el espacio que reafirma el movimiento de este juguete”
La transparencia de cada una de las formas permite el paso de luz, provoca sensación de levedad, complementándose y relacionándose con el entorno. Es el color rojo de las formas el encargado de lograr contraste sobre el verde de la vegetación existente.
Para el espectador –móvil- la intervención plantea lecturas visuales que varían según el movimiento.
A nivel de suelo, entre el centro de la rotonda y la franja de césped, incorpora árido de textura fina de maicillo o gravilla, que permitió enmarcar y homogenizar cromática y visualmente la superficie el lugar, como también optimizar su mantención futura.
Las piezas son de estructura metálica de acero tubular de 2’ de diámetro y 3 milímetros de espesor, empotradas, de dimensiones variables, entre 7,20 m de largo y 3,5 m de diámetro máximo, dispuestas de manera horizontal y diagonal produciendo distintas “topologías” visuales.






