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Si bien es de común aceptación que el arte y la belleza son factores muy relevantes en las decisiones de destinos de viaje y turismo en el mundo, resulta paradojal que un desliz en estas materias atraiga a casi tantas personas como sus logros.

A punto de cumplirse ya una década desde que una anciana de la pequeña villa de Borja, en España, intentara restaurar el ahora reconocido “Ecce Homo”, de Elías García Martínez, que adornaba la iglesia del pueblo y cuyo resultado se transformara en burla a nivel mundial, a solo días de que en septiembre el ayuntamiento de Borja realice un homenaje para celebrar los 10 años de la fallida restauración, recientes sondeos muestran que el fallo más que triplicó las visitas al lugar, fenómeno que ha ayudado significativamente a la economía de un pueblo de apenas 107 km² y 5 mil habitantes.

Borja supo, pues, capitalizar el error. Eduardo Ardilla, alcalde de la localidad, destacó en el diario hispano La Vanguardia “el que hayamos conseguido convertir un fenómeno social en un fin social. Gracias a los 40.000 euros anuales que obtenemos de la venta de entradas (a tres euros) hemos podido contratar a dos personas que realizan visitas guiadas al recinto, cubrimos los gastos de luz y de seguridad y becamos la estancia en la residencia de la Fundación Sancti Spíritus de dos personas del pueblo con escasos recursos”.

Así, desde 2012, más de 300 mil personas de 110 países distintos han visitado el Santuario de la Misericordia para ver la pintura. Un milagro que, a través de Cecilia Giménez, una mujer que a la sazón contaba con 81 años y que ayudaba en las tareas de mantenimiento del lugar, logró poner a Borja en el panorama turístico obligado para quienes visitan la zona de Zaragoza. Según El Mundo, la obra ya ha generado 450.000 euros en ganancias (unos 460 millones de pesos chilenos). Un récord.

Solo el primer año, dice La Vanguardia, aumentaron las visitas en un 900%, pasando de 5 mil visitantes anuales a 45 mil, algo que se estabilizó con el paso del tiempo a 10 u 11 mil anuales.

Desde aquella oportunidad, ya ha pasado una década. El mural, original de la década de los ’30, fue realizado -por encargo directo de las autoridades del lugar- por el pintor hispano García Martínez, quien solía pasar sus vacaciones en el lugar. Es una obra de 60 × 40 cm, adosada a un muro de yeso. García Martínez se basó en un Ecce Homo anterior, del italiano Guido Reni, pìntado en 1640. De ahí el aire renacentista y neoclásico que poseía. Al finalizarlo, García escribió en él: “Este es el resultado de dos horas de devoción a la Virgen de la Misericordia”.

Pero, aunque la imagen de Jesús se plasmó con fe y devoción, no se realizó con los materiales correctos para un mural, hecho que con los años deterioró la pintura. Y ahí es cuando aparece Cecilia Giménez, la mujer de 81 años que ayudaba en las tareas de mantenimiento del Santuario y tenía algunos conocimientos en pintura, los que ya había aplicado en la previa restauración de un lienzo de la Virgen del Carmen en el Convento de Santa Clara de la misma ciudad. “Me daba pena ver cómo el salitre de las paredes se iba comiendo el fresco”, dijo en su oportunidad. Así nació la pintura que es catalogada como “La peor restauración de la historia”.

Juan María Ojeda, concejal de cultura de Borja, en entrevista con ABC Punto Radio, explicaba: “Una vecina muy bien intencionada decidió, por su cuenta y riesgo, restaurar el fresco que, en realidad, estaba en mal estado fruto de la humedad del templo”. Cecilia alega que nunca terminó su trabajo, puesto que salió de vacaciones, pero para cuando volvió la imagen del “Ecce Homo” o “Ecce Mono” como lo bautizaron diversos medios, ya se había hecho famosa a nivel mundial. Lo que empero no impidió que Giménez sufriera una depresión.

Y hoy a sus 91 años, Cecilia reivindica que pintó por mucho tiempo, hizo exposiciones e incluso alguna vez vendió alrededor de 40 piezas de su arte, muy diferente a lo que realizó con el “Ecce Homo”. Vive en una residencia de ancianos junto a su hijo José Antonio, quien sufre de parálisis cerebral. El diario Sur, de la región, informa que ya se retiró de las brochas y lienzos, pero aún se desplaza por el pueblo en una silla de ruedas aunque, con la edad, ha perdido algunos sentidos.

El “Ecce Homo” de Borja y su autora, Cecilia Giménez

A la izquierda, el Ecce Homo de Guido Reni, de 1640. A la derecha, la versión española de 1930.

No sin conflictos

Como en todo lo que adquiere valor, también en la monumental pifia produjo consecuencias y disputas con la familia del autor original que no solo reclama el daño, sino por el hecho de que al transformarse Ecce Homo en un trabajo famoso gracias al merchandising genera ingresos. De éstos, Cecilia tiene el 43% de los derechos y 57% va a la Fundación Sancti Spíritus por todo lo que se realice con la imagen, desde tazas, lápices, llaveros y hasta una marca de vinos.

El cuadro representa el momento en que Poncio Pilato, gobernador romano de Judea, recibe a Jesús -atado, recién flagelado y con la corona de espinas- ante la muchedumbre de Jerusalén para que elija entre él y Barrabás.

Pero durante la década, no todo han sido pifias. El escritor español Jesús Ferrero, citado por La Tercera, mostró su apoyo a la improvisada artista desde su Facebook: “Se ha atrevido a consumar lo que Picasso nunca consumó: modificar un ‘clásico’ interviniendo directamente sobre la tela y convirtiendo una obra de arte en otra”. Y otro espaldarazo vino desde el mismísimo cineasta Álex de la Iglesia, quien a través de su cuenta de Twitter indicó: “Es exactamente un ICONO de nuestra manera de ver el mundo. Significa mucho”.

Y en 2017, vino un reconocimiento de la academia: la revista especializada Art Info colocó al “Ecce Homo” en el número 52 de las obras de arte más icónicas creadas en el mundo entre 2007 y 2012. Por su parte, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, MoMA, uno de los más importantes del mundo, se interesó por comprarlo. Otro récord para una paradoja.

Cecilia Giménez. Su restauración de Ecce Homo, podría culminar en el MoMA. (Fotografía de El Comercio.pe)