Jeremy Mayer (50) nacido en 1972, en el norte de Minnesota, es un innovador escultor estadounidense que unió la lógica del juego Lego con su afición al desarme de máquinas de escribir en su infancia y hoy utiliza las piezas y materiales de dichos artefactos de la era industrial para realizar su trabajo creativo que, según una reciente entrevista con The Modern Met, califica como «montaje en frío», pues no utiliza ni soldadura ni pegamento.
Para llevar a cabo sus infinitas formas y combinaciones posibles de las piezas extraídas, Mayer tampoco usa herramienta eléctrica alguna para desarmarlas o componer realizando todo el trabajo a mano. Cuando vuelve a reensamblar los componentes en sus esculturas, no usa soldaduras, pegamento, alambre u otro material que no sea parte de una máquina de escribir.
Sus obras evocan figuras humanas, animales e insectos y su extraordinario trabajo ha sido exhibido en el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el Salon Des Indomptables en París, el Museo de Arte de Nevada en Reno y los museos Ripley’s Believe It or Not. Sus obras alcanzan hasta los 165 centímetros de tamaño.
Rindió homenaje al juego final de máquinas de escribir Godrej & Boyce en una estadía de seis meses en Mumbai.[4] Vive y trabaja en Oakland, California. Se mudó al norte de California en 1990 y comenzó su carrera en 1994.[2]
Recuerda para My Modern Met que desarmó su primera máquina de escribir hace más de tres décadas descubriendo un medio que combinaba la creatividad con su amor por las máquinas vintage. Mayer recuerda la máquina de escribir de su casa, señalando que quedó fascinado con su diseño y movimiento. Ahora, como adulto, sus esculturas son maravillas estéticas que hacen invitan a mirar el pasado, presente y futuro a través de la inventiva humana y sus artefactos.
“Mi proceso de estudio consiste en construir un enorme rompecabezas con infinitas combinaciones, usando solo lo que tengo a mi disposición de inmediato. Las cosas no siempre se quedan unidas o no se ven del todo bien. Puede ser increíblemente frustrante, pero siempre, en última instancia, gratificante”. Los marcos de aluminio que construye, están cortados con láser y se componen de tornillos, tuercas, pasadores y resortes originales que mantienen unidas las piezas en forma de espejo. Mayer compra entre 10 y 15 máquinas de escribir al año en talleres de reparación, tiendas de segunda mano o rastrillos organizados en la Bahía de San Francisco.
Tras varias décadas de usar máquinas de escribir, elección provocada por su amor por el reciclaje y las finanzas personales, aún encuentra inspiración en ellas. “Elegir esta forma específica de hacer arte y fomentar una relación con una sola máquina”, dice, “ha sido un viaje gratificante y en constante cambio”.
Su inspiración basada en las ilustraciones biológicas de Ernst Haeckel, muestra su fascinación por los patrones complejos y repetitivos de los organismos unicelulares, algo que se manifiesta en sus últimas esculturas. Las creaciones parecen estar ensambladas desde dentro a fuera y evocan estrellas de mar y otras criaturas orgánicas, que complementan lo artificial con lo natural. “No hay nada antinatural en los componentes mecánicos”, concluye Mayer.
Entre sus últimos proyectos está una estructura de 10 mandalas robóticos que comenzó a realizar durante una residencia de Mayer en Mumbai junto al fabricante Godrej & Boyce. Durante los seis meses que duró su estada, inició la primera escultura que terminó con los primeros confinamientos por la pandemia, luego de lo cual casi ha completado otros cuatro más.
Para conocer más sobre el proceso creativo de Mayer y su amor por las máquinas de escribir, mira el documental California Typewriter de 2016. Si te gustaría adquirir una escultura, Mayer da informes a través de Instagram.




Fotografías: web Jeremy Mayer

