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El proyecto Pintura de Cambio, financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, convocatoria 2021, culminó exitosamente su desarrollo realizado entre mayo a junio de 2021, por el Colectivo Bandurrias de Pintura Migratoria, integrado por Emilia Costabal, Valentina Villar y Celeste Vilches, se instaló en la isla Quehui.

El proyecto es un trabajo de arte que incluye prácticas antropológicas, documentales, naturalistas y de peregrinaje y durante su práctica, las artistas se instalaron en la isla ubicada a dos horas de navegación desde Castro, Chiloé, para pintar 60 cuadros. La acción de arte implicó la observación y representación pictórica del entorno de Quehui.

Según informó Radio Bio Bio, el cierre del proceso consistió en que las obras realizadas por las artistas fueran luego intercambiadas por productos locales con habitantes de la misma isla, un trueque que implicó, entre otras cosas, recibir más de veinte litros de chicha, quince cangrejos, un piure, una clase de pesca, cinco sacos de cinco diferentes variedades de papa, tres almuerzos y dos sesiones de rezos.

Emilia Costabal señaló a La Radio que  “A los estudiantes de pintura se nos dice que miremos el mundo como si fuéramos extraterrestres. Se nos dice que un árbol no es árbol, que una mesa no es mesa y que una persona no es persona, sino un conjunto de luces y sombras, de tonos más o menos saturados que se afectan unos a otros. Este ejercicio, mirar el mundo sin prejuicios, sin ideas preconcebidas de lo que los objetos son, ni de dónde empiezan, ni dónde terminan, es extremadamente difícil (por no decir imposible). Es entonces cuando nos damos cuenta de lo apegados que estamos a las definiciones, categorías y contornos que hemos puesto sobre los elementos que constituyen la naturaleza”.

Y “Uno de los límites más significativos es aquel que separa al ser humano del resto de los seres vivos o, más bien, al “mundo humano” del “mundo natural”. Es decir, que la actividad humana es considerada como aislada de los procesos naturales y que funciona en paralelo o incluso en contra de la naturaleza, según ritmos y lógicas propias. Como estudiantes se nos pide, a partir de la primera o segunda clase de pintura, ni más ni menos, que hacer desaparecer todos estos límites con la mirada”, complementa.

Propietarios de cuadros realizados por el Colectivo Bandurrias en la Isla Quemchi y traspasados mediante trueque.

Pero el proyecto Pintura de Cambio no solo fue pintura y trueque. También resultan relevantes las interacciones, discusiones, testimonios y paisajes que los acompañaron y que fueron registrados en video, fotografía y escritura. La edición de dicho material posibilitó la realización de un libro y un video, los que fueron distribuidos en Quehui durante agosto recién pasado. Bajo la lógica de las luces y sombras que componen la realidad visual que experimentamos delimitada por el lenguaje y las definiciones de nuestro entorno, Pintura de Cambio buscó difuminar los límites entre dicho medio natural, su representación, la actividad productiva y cultural de Quehui y las relaciones humanas entre sus habitantes y las artistas.

Las artistas, señala la nota, buscaron realizar lo que para ellas es el arte: “aquello que escapa a cualquier categorización precisa (no es casualidad que el debate entorno a “qué es el arte” lleve desarrollándose por varios milenios sin llegar jamás a puerto). Es, por lo mismo, aquello que delata el carácter ficcional de las categorías».