La tecnología de red neuronal ha resuelto un misterio que dividió a los historiadores del arte durante décadas: la Madonna della Rosa (Virgen de la Rosa), atribuida históricamente al maestro renacentista Rafael, posee una figura cuya ejecución no pertenece a su mano. Según un estudio desarrollado por investigadores de las universidades de Bradford y Nottingham, el rostro de San José, ubicado en la esquina superior izquierda de la obra, fue identificado por un algoritmo como ajeno al estilo del genio italiano.
El equipo de investigación utilizó una arquitectura de aprendizaje profundo denominada ResNet50 (desarrollada originalmente por Microsoft), la cual fue entrenada exclusivamente con obras cuya autoría de Rafael es indiscutible. La precisión del sistema alcanzó un 98% al analizar los patrones de pincelada, la paleta cromática y las técnicas de sombreado.
Análisis por secciones: Inicialmente, el algoritmo analizó el cuadro completo sin arrojar resultados concluyentes. Sin embargo, al segmentar la obra por rostros individuales, la IA validó como «Rafael auténtico» a la Virgen, el Niño y San Juan Bautista, pero rechazó el rostro de San José.
Profundidad técnica: Los expertos explicaron que la computadora es capaz de observar detalles a nivel microscópico que escapan al ojo humano, identificando variaciones mínimas en la presión del pincel y la composición de los pigmentos.
¿QUIÉN TERMINÓ EL CUADRO?
Aunque la IA no puede nombrar con absoluta certeza al autor alternativo, los historiadores y el equipo de investigación apuntan a integrantes destacados del taller de Rafael. La obra, ejecutada entre 1518 y 1520, coincide con los últimos años de vida del maestro, periodo en el que delegaba tareas a sus pupilos más aventajados.
Giulio Romano: Es el principal candidato. Sus trazos suelen ser más marcados y su paleta de colores a veces difiere de la suavidad característica de su mentor.
Gianfrancesco Penni: Otro colaborador cercano que podría haber intervenido en la terminación de los elementos secundarios de la escena.
Este hallazgo, publicado en la revista Heritage Science, no busca desacreditar la obra, que forma parte de la colección del Museo del Prado en España (donde históricamente no se había cuestionado la autoría), sino más bien ofrecer una herramienta de apoyo a los peritos de arte. La IA se posiciona así como un aliado capaz de verificar la procedencia y autenticidad, complementando el análisis de pigmentos y el estudio histórico tradicional.





