“Me gustaban las piedras preciosas, pero como tal son pocas: esmeralda, zafiro, rubí y diamante. Entonces derivé a los minerales y se me abrió un universo. No sabía que existían tantos tipos y que eran tan bonitos. Me obsesioné y me sirvieron de inspiración. Se convirtió en un espacio de paz mental, de tranquilidad».
Elisa Alcalde (35) estudió cine, pero sus trabajos estuvieron principalmente vinculados a la comunicación y el manejo de redes sociales como community manager. Hace una década para un cumpleaños le regalaron un set de acuarelas y hace dos años, casi por accidente, se dio cuenta que podía vivir de la pintura.
Hacia fines de 2013, fue publicando algunos de estos trabajos en su Instagram y la gente se empezó a interesar, hizo trueques y también empezó a vender sus primeras obras. Siguió explorando y aprendiendo cómo lograr brillos, transparencias y sombras gracias a la práctica y a los consejos de amigos artistas.
En 2017 expuso su serie de minerales en Casas Lo Matta y sintió que con esa muestra cerraba una etapa. «Sentí la pulsión de hacer algo mío. Pintar composiciones creadas por mí y empecé con los bodegones”, dice en alusión a las escenas de objetos inanimados o naturalezas muertas. “Más que hiper realista, mi pintura es figurativa. Me gusta que de cerca se note la pintura, las pinceladas, los errores, la materialidad”, explica. Cualquier mesa con rastros de comida puede transformarse en una pintura, dice.
Pero en febrero de 2020 “Después del caos y el estrés inicial, con el paso de los meses, me di cuenta de que estaba logrando vivir de la pintura. Llegó marzo de 2021 y llevaba un año sustentándome y ahí dije: ‘soy pintora’. Soy muy estricta conmigo misma y como no estudié arte, tenía ese peso de no contar con la academia”, afirma.
Elisa confiesa que le frustraba no exponer y que la gente solo pudiera acceder a su obra a través de Instagram. “Es distinto ver una pintura en grande, con detalle. Entonces me puse a mandar mails como loca. Soy mi publicista, mi periodista, mi manager”. Así, a mediados del año pasado montó una muestra en la galería Cosita Rica de Lima, Perú, y a mediados de diciembre pasado inauguró la exposición Zona segura que estuvo abierta durante los fines de semana de enero en galería 3.14 de María Gracia Barros y Amparo Mardones en el barrio Franklin.
Fue un montaje muy sencillo, afirma, y a falta de recursos para enmarcar sus obras optó por clips y ganchitos, fiel al referente artístico del fotógrafo Wolfgang Tillmans y una exposición que instaló hace años en el MAVI. “Soy muy inquieta. Mi cabeza va más rápido de lo que yo quisiera y necesito pintar para estar tranquila». Pero en otra lectura también muestra a los bares y las fuentes de soda como lugares de encuentro y de refugio.
“Me interesa el bar estéticamente, comer papas fritas y tomar algo para compartir las miserias y alegrías con amigos. A pesar de lo público, hay un código similar que se genera en esos lugares y los convierten en zonas seguras”, agrega. Toma distancia de categorías como pop o kitsch para definir su arte. Lo suyo es figurativo, insiste. «Habito la fantasía, me encanta el Señor de los Anillos, Berserk, el animé y el manga. Pero lo que me da vida es el mundo real, lo tangible. Lo común y lo ordinario también es arte”. (Fuente DFMás)



