Los profesores Ramón E. Cárdenas Pérez e Irma E. Lagos Herrera de la Escuela de Educación, U. de Concepción han señalado que en Chile, se marginalizan cada vez más las artes del currículo escolar y se forman docentes sin conocimientos ni habilidades artísticas, que deben asumir las asignaturas de Artes sin la necesaria formación.
De acuerdo a su investigación publicada por La Tribuna del Bio Bio en el debate actual sobre el estado de la Educación Artística en la Región Metropolitana (Pérez y Llona, 2011, p. 151) se establece que el 51% del profesorado de educación artística declara no tener especialidad docente alguna y solo el 15% es licenciado(a) en artes, desempeñándose fundamentalmente en los establecimientos educacionales particulares subvencionados y particulares pagados.
Esta situación se agrava, ya que el 74% del profesorado sin especialidad se concentra en la educación municipal, un 48% con especialidad o licenciatura en arte se ubican laboralmente en los establecimientos educacionales particulares pagados; además, el 70% del profesorado dice no tener cursos de perfeccionamiento en el área de las artes visuales, situación agravada por la carencia de materiales específicos y espacios inadecuados para llevar a cabo las diversas actividades de las artes visuales en la escuela. En la provincia de Biobío, la situación es aún más precaria y hay menos oportunidades de asistir a talleres sobre Artes Visuales y su didáctica.
El destacado educador norteamericano Elliot Eisner, citado por Alberto Barrantes, en su columna de La Nación de Costa Rica, señala que la educación visual, plástica y artística permite el desarrollo de la “transferencia distal” que es posibilitar que lo que se enseña en el aula tenga una vida que se extienda más allá de las paredes de la sala de clases. Y observa que el 80% de escuelas de Costa Rica no ofrece esta materia, lo que extiende el problema a toda la región.
En su libro “Ocho importantes condiciones para la enseñanza y el aprendizaje en las artes visuales”, Eisner afirma que «hay demasiada enseñanza que no tiene repercusión en las vidas de los estudiantes. Debemos enseñar no sólo a utilizar las capacidades de ver, comprender y crear, sino también a aplicar lo que se ha visto, comprendido y creado a un mundo mucho más allá de los confines del aula o del colegio”.
Es de esta forma que lo aprendido en una clase de arte no solo es “conocimiento artístico” sino esencial para producir conexión con aprendizajes en matemáticas, robótica, física, Estudios Sociales, entre otros.
De allí que Alemania, por ejemplo, dedique al menos tres sesiones semanales a las artes, y Finlandia un mínimo 300 sesiones anuales en los niveles primero y segundo grado, y más de 500 anuales en los niveles del tercero a quinto grado.
Alfabetizar visualmente importa ofrecer en las aulas herramientas y oportunidades necesarias para reconocer, por ejemplo, un contenido falso, o desarrollar mirada crítica del entorno en que se habita y valorar el arte propio y ajeno.
La ausencia de formación en educación artística y visual resulta en una infancia y adolescencia con una carencia relevante en alfabetización visual que demanda el siglo XXI para analizar críticamente los mensajes cotidianos vía las diferentes plataformas tecnológicas.
Un déficit en la competencia visual y cultural pone en desventaja a los estudiantes que no tienen acceso a este tipo de educación frente a los que sí la tienen, dado que no tener contacto con la capacidad de crear, exponer y observar, limita el desarrollo de habilidades perceptivo-cognitivas y mirada analítica, esenciales tanto para el arte como para la ciencia.
La carencia en la enseñanza artística también frena el desarrollo de una sensibilidad hacia la cultura y patrimonio tanto próximo como universal, ampliando la brecha cultural en la sociedad.
Sin espacios para las artes en las aulas estamos abandonando el potencial creador de niñas y niños, importante para el desarrollo artístico, pero también en la resolución de problemas, la capacidad de encarar incertidumbres y el manejo de diferentes puntos de vista.
Eisner afirma que la educación artística nos da la oportunidad de trabajar el potencial educativo del grupo al que pertenecen los estudiantes y el hecho de que cada estudiante es un miembro de una comunidad en la práctica. “El grupo, visto como una comunidad, puede convertirse en un poderoso medio para la promoción del desarrollo individual. En particular, cuando se da a los estudiantes la oportunidad de analizar y de comentar su obra, la critica del grupo puede ofrecerles la oportunidad de ser críticamente útiles a sus compañeros”, explica.
Esa forma de ver el arte y la educación como medios para hacer felices a los niños y las niñas y facilitar los ambientes de aprendizaje es imprescindible para la formación en las habilidades necesarias para el siglo XXI.
Implicarse en formas artísticas de pensamiento es utilizar la imaginación para crear nuevas posibilidades, con el fin de tomar decisiones durante el proceso. El arte en las aulas permite poner en práctica aquello que dice Jorge Drexler y que es fundamental en la educación: “amar la trama más que el desenlace”.
Lecciones que las Artes nos enseñan

Gravedad distorsionada – S. Dalí

Puerta Casa Milà, Barcelona – A. Gaudí

Surrealismo

Relativity – Escher
Recopilación artística de Eva Martínez Olalla. Artista, docente y Fundadora de ARTivación.

