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El destacado escenógrafo y dramaturgo nacional Claudio di Girolamo (93 años), anunció la donación de su archivo personal con recuerdos, apuntes, fotografías, guiones, bocetos, recortes de prensa, cartas y carpetas, de cerca de 3 mil objetos que no sólo informan su larga trayectoria artística, sino también permiten reconstruir la historia de la escena teatral chilena de los últimos 70 años.

Tras llegar a fines de la década del 40 desde Italia con su familia, escapando del hambre y la pobreza que arrastró el fin de la II Guerra mundial, Di Girolamo ha dedicado al menos siete décadas a trabajar por el desarrollo de las artes y la cultura del Chile como  escenógrafo del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, el primer puesto laboral que tuvo en Chile y luego, como dramaturgo, director audiovisual, pintor, muralista y asesor cultural.

Sigue trabajando oficialmente en el Ministerio de Culturas donde acaba de firmar el contrato del año 2023, según contó el artista a Culto, relevando su ‘edad y experiencia laboral de 75 años’. «Como de cuento de hadas, pero es cierto. Y pensé claramente en que todas las cosas que uno tiene guardadas porque sí, por cariño y todo, pueden servir”.

La donación al Archivo de la Escena Teatral de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica venía fraguándose hace varios años. Di Girolamo ya había donado su obra religiosa a la institución, que culminó en la publicación del libro Claudio di Girolamo: 70 años de arte religioso, y también colaboró con varios escritos y ensayos para la revista Apuntes de Teatro. Cada donación es asignada a un investigador que se encarga de revisar, organizar y documentar todo el archivo. Una tarea titánica que, en el caso del archivo de Di Girolamo, estuvo a cargo de Patrizio Gecele.

«Yo no estoy haciendo ninguna cosa especial. Es lo que deberíamos hacer todos los artistas: dejar esto en manos de personas o instituciones que sean capaces de distribuir de nuevo, porque sin distribución no existe el arte. El arte tiene que ser difundido”, señala.

Recuerda que sus trabajos en general «no está en los museos ni en las galerías. La mayoría de mis cosas son murales en edificios públicos o en iglesias. No se puede seguir cobrando la posibilidad de estar en contacto con las obras”.

“Yo tuve la suerte de llegar a Chile en un momento donde las universidades prácticamente manejaban la cultura chilena. Eran solamente cuatro, la Universidad de Chile, la Católica, la Católica de Valparaíso y la de Concepción. Y ellas manejaban el teatro, el cine… Todo lo que existía desde el punto de vista del arte social y la comunicación con el pueblo lo hacían ellos. Y deben ser eso: centros de cultura. No para atesorarla para ellos, sino que para estudiarla, revisarla, demostrarla y re-entregarla al pueblo”, afirma di Girolamo.

María de la Luz Hurtado, historiadora y teórica del teatro que lleva 23 años detrás de la dirección del programa señalo que «es uno de los archivos más ordenados y completos que hemos recibido. Es enorme, porque también es muy diverso. Son muchas materialidades que él fue ordenando carpeta por carpeta. No sólo sus diseños, sino que también las fotografías, los programas de mano, las correspondencias, sus apuntes».

Para Hurtado, el valor histórico que recae en la donación de Di Girolamo es evidente. No solo por todos los proyectos vanguardistas en que el artista ha estado involucrado a lo largo de su vida (el Teatro de Ensayo, Ictus y el Teatro Dos, por nombrar algunos). También por la forma en que su trabajo, y por consecuencia el teatro chileno, ha dialogado con los distintos contextos sociales de la segunda mitad del siglo XX. Algo que queda evidenciado con muchísimo detalle en todos los elementos que componen este archivo.

El rector de la UC, Ignacio Sánchez, quien además tiene una relación de amistad fraternal con el dramaturgo, manifestó su alegría ante la noticia de la donación, que se oficializó este viernes en una actividad oficial organizada por la institución. «Este número de documentación que nos está donando va a ser muy importante para enriquecer el archivo de nuestro teatro histórico».

Di Girolamo destacó el valor más grande que subyace a esta donación: más que productos completos, se trata de una serie de registros que dan cuenta del proceso que hay detrás de la creación artística. Ya sea una película, la planificación de una escenografía o un mural.

“Con esto, la gente de teatro puede ver exactamente cómo se trabaja antes de salir a escena, que hay una serie de cosas que lo anteceden… La producción, los bocetos, los croquis que se hacen para una escenografía, para el vestuario, incluso para la estructura dramática. Es muy interesante ver cómo entrar a la materia misma de la creatividad. Ver las diferencias entre cada creador. Cada uno puede tener su metodología”.

Ante la pregunta de Culto sobre qué falta para que la cultura y el arte puedan desarrollarse con mayor plenitud en un país como el nuestro, el escenógrafo no duda en apuntar hacia el conflicto de la identidad. “¿Qué tiene que ver un aymara o un mapuche con la cueca? Es el baile nacional, pero ellos tienen otra forma de bailar, otra cultura. Realmente no sacamos nada con ser una nación multicultural. Lo que debemos tener es una nación que sea intercultural. Tenemos que mezclarnos”.

Para di Girolamo, es importante considerar que “todos somos prosumidores de cultura. Es decir, somos productores y consumidores a la vez. Nacemos como producto ya de una cultura, pero en la medida en que no seguimos produciéndola, somos esclavos de lo ajeno. Cuando dicen que las nuevas generaciones son revolucionarias, que quieren cambiarlo todo, es algo evidente. Tienen para aportar su cuota, no vivir de la otra. Y cuando una persona de un país o de un pueblo crea menos cultura que la que consume y debe buscarla afuera, se produce la dependencia cultural, que es cuando se produce una cultura de inferior calidad de la que se importa. ¿Y dónde es de mayor calidad? Donde el Estado y los privados se preocupan de la cultura»

Al mismo tiempo, el italiano es claro a la hora de señalar que la búsqueda de la identidad es un proceso lento. “Una cocinería a baño María, de esas cosas que se hacen despacito, revolviendo, como el manjar que, si lo pones a fuego fuerte, se te quema. La cultura es así, debe tener política de Estado y no de gobierno. Que dure a través de varios mandatos sin pensar en su signo. Por eso es importante un Ministerio de Culturas, que se rija por ley, que tenga que tener un presupuesto. Un artista es un profesional que trabaja y que tiene las mismas exigencias que un ingeniero y que un médico para dar libre paso a su creatividad. Necesitan tener todo lo que requieren, no sólo los instrumentos, sino que la tranquilidad para poderlo hacer. Las condiciones mínimas para poder llevar a cabo su trabajo”. (Fuente: Culto de La Tercera)(Fotografía principal: Claudio di Girolamo. recuperada de Revista de Educación.)

Claudio di Girolamo y Carmen Quesney

Retrato a la Compañía ICTUC en la Inauguración del Teatro La Comedia, 1962. Fotografía de Claudio di Girolamo (Archivo de la Escena Teatral UC)

Bocetos de escenografía para la Escuela de Bellas Artes de Roma, entre 1944-1948. Obra de Claudio di Girolamo (Archivo de la Escena Teatral UC)

Boceto de escenografía para La Invitación al castillo, del Teatro Ensayo UC en 1951. Obra de Claudio di Girolamo (Archivo de la Escena Teatral UC)

Portada libro «Claudio di Girolamo: setenta años de arte religioso»