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Tras la realización de un grafiti en una de las cúpulas del Museo de Bellas Artes -que aún sigue intacto-, así como la reciente polémica suscitada por la multa de siete millones de pesos aplicada a un pub en la comuna por la pintura no autorizada de sus muros para eliminar otros grafitis, se trabó una discusión en la que diversos actores públicos han emitido su opinión relativa al tema del cuidado del patrimonio nacional.

Las siguientes son algunas de ellas, expresadas en sendas cartas a «El Mercurio»:

Grafiti en el Bellas Artes

Respecto de los grafitis en la cúpula del Museo de Bellas Artes, nuestra institución estuvo dispuesta a limpiarlo desde el primer momento; sin embargo, por tratarse de un monumento nacional, la normativa vigente hizo necesario llevar a cabo una extensa tramitación, que ya está llegando a su fin con la licitación y próxima limpieza durante los primeros diez días de noviembre.

Alejandro Bley Uribarri
Jefe de Administración y Finanzas
Museo Nacional de Bellas Artes

Dañar el Patrimonio es dañar el futuro

El mundo al revés
Es decir, nos encontramos ante un dilema en el que, por un lado, la burocracia que opera en torno a la legislación sobre el tema patrimonial cultural -y otras- actúa al ritmo de los tiempos que puede auto otorgarse el Estado para, como señalara la alcaldesa de Santiago, se cumplan las normas que salvaguardan dicho patrimonio; y, por otro, la necesidad de reaccionar con oportunidad frente al fenómeno conocido como «tolerancia cero», según el cual un pequeño desorden tolerado en cuestiones de limpieza y orden de la ciudad, derivará en un crecimiento exponencial del mismo.
La solución al problema sería, por consiguiente, o el Estado moderniza su gestión y como indica la etimología de la palabra, comienza a operar «al modo de hoy», es decir, con la rapidez y eficiencia de la sociedad de la información, para evitar que la persistencia del desorden lo multiplique; o se acepta la velocidad actual de reacción del Estado, pero éste se compromete, partiendo desde el propio gobierno comunal, a proteger los espacios afectados para impedir el avance de la destrucción, mientras se espera el proceso burocrático que posibilita su recuperación.