La orfebrería suele asumirse como artesanía u oficio técnico, aunque ciertas piezas de orfebres alcanzan un nivel de armonía de líneas, color, movimiento y trazos que bien se pueden ubicar en el ámbito de lo propiamente artístico.
El término orfebre procede del francés orfèvre (aurifaber o ‘artífice’) y este, a su vez, de la raíz latina en auri ‘oro’ y faber ‘arquitecto’; o bien del verbo latino facĕre ‘hacer, realizar’.
Peter Carl Fabergé, es uno de ellos a quienes los especialistas no vacilan en reconocer como artista. Y es que su obra -Los huevos de Fabergé- son famosas y admiradas mundialmente, no solo por constituir un bien escaso -hizo solo 50- sino porque todos fueron hechos para la familia imperial rusa, lo que ha incrementado su valor dado el prestigio que su posesión genera.
Fabergé nació en San Petersburgo en 1846 y era hijo del joyero alemán Gustav Fabergé, de ascendencia hugonote, casado con Charlotte Jungstedt, quien era danesa.
Peter Carl se adentró en los secretos del oficio paterno y cuando alcanzó cierta mayoría de edad continuo sus estudios en Frankfurt y Dresden, en Alemania, adentrándose profundamente en el mundo de la joyería. En algún momento el negocio de su padre adquirió un volumen tal que se expandió fuera de Rusia, abriendo tiendas en Londres y Odesa.
A la muerte de su padre en 1882, Peter se hizo cargo de la empresa familiar sita en la entonces capital rusa, San Petersburgo. No obstante tratarse de un negocio próspero, la suerte de Fabergé mejoró exponencialmente cuando el emperador ruso Alejandro III quiso un hacer un regalo especial en la Pascua que anualmente celebra la Iglesia ortodoxa, a su esposa, María Fyodorovna
La belleza y particularidad del primer trabajo del orfebre estimuló a la familia real a convertir los huevos pascueros en una tradición. Año a año, el emperador ordenaba un nuevo huevo para su esposa. Y Nicolás II, su hijo, prosiguió con la tradición una vez que el zar falleció. El medio centenar de piezas decorativas en forma ovalada fueron comisionados sin fallos entre los años 1885 y 1916. Después de haber «incubado» ese primer huevo para la familia real, Peter Carl fue nombrado «joyero de la corte imperial», dando a su carrera el envión dorado final.
Como se sabe, los trabajos de Fabergé son obras de arte reconocidas por sus laboriosos ornamentos en metal y piedras preciosas, cuya exuberancia recuerda cuán poderosos fueron los zares. Por supuesto, los huevos que sobrevivieron a la tragedia de la familia Romanov tras la revolución bolchevique, tienen hoy un valor medido en millones de dólares, No solo por su diseño, en manos de Peter Carl, sino también por el misterio del paradero de al menos siete de ellos.
De hecho, autoridades de EE.UU. citadas por la BBC, dicen que, al parecer, encontraron un huevo de Fabergé en el yate de un empresario ruso incautado luego de las sanciones por la guerra en Ucrania.
Pero su fama no es solo producto de su conexión con la dinastía Romanov. Diversos expertos reconocen su enorme talento artístico, aunque «críticos y los coleccionistas han debatido entre elogiar al joyero nacido en Rusia por su perfeccionismo o condenarlo por sus excesos», dice el periodista de cultura de la BBC Jonathan Glancey.
Estos «excesivos» huevos de Fabergé, requerían un minucioso y extenso trabajo. Carl supervisaba la operación, aunque su taller trabajaban expertos en distintas áreas, como corte de diamantes o la manipulación de metales. Algunos estaban cubiertos con finas capas de laca o piedras preciosas adquiridas desde los montes Urales a las montañas Altai.
Y su interior, la familia real siempre encontraba una sorpresa: desde una caja musical a un modelo del Palacio Gatchina del Siglo XVIII.
El primero de todos, tal vez el de mayor simpleza, conocido como el «Huevo de la gallina«, «tenía un diseño casi puro», dice Jonathan Glancey en su escrito. Aquel primer huevo actualmente se encuentra en el Museo Fabergé de San Petersburgo.
Es una pequeña pieza esmaltada en blanco de unos 3,81 centímetros. En su interior tiene un segundo óvalo dorado, que, adentro, guarda una gallina también dorada. Debajo de la pequeña figura, una corona con diamantes y un colgante con un rubí.
Como se sabe, el reinado de la dinastía Romanov acabó en 1917, cuando la revolución bolchevique tomó el control de Rusia. Nicolás II, su esposa y sus cinco hijas fueron fusilados en 1918 y las posesiones de la corona, nacionalizadas. Igual destino corrió la Casa Fabergé, algo que obligó a Peter Carl a abandonar el país, quien falleció dos años después en Suiza.
Glancey informa que los huevos fueron «empaquetados» junto con otros tesoros de los Romanov y llevados a la Armería del Kremlin. Aunque, en años posteriores, Joseph Stalin, líder de la Unión Soviética, vendió 14 de ellos para atraer divisas a Rusia. Así, algunos Fabergé terminaron en colecciones privadas, museos y otras instituciones, pero aún se desconoce el paradero de siete de ellos.
Tras la caída de la joyería, el famoso apellido fue apropiado y registrado en Estados Unidos en 1937 por Samuel Rubin para vender perfumes. En 1951, Rubin acordó pagar a la familia Fabergé por usar el nombre, pero no solo para artículos decorativos. La marca terminó siendo nombre de una línea de productos sanitarios, como detergente y limpiador de lavabos. También se utilizó para una loción después del afeitado.
Pero, tras complejas negociaciones, en 2007 el nombre fue rescatado por Pallinghurst Resources, una firma internacional de asesoría de inversiones y fue refundada Fabergé Ltd., firma que asumieron Tatiana y Sarah Fabergé, bisnietas de Peter Carl, con la intención de fabricar artículos de lujo y joyería, que son ofrecidos en forma presencial en EE.UU. y a través de comercio online.

«Árbol de laurel», uno de los huevos creados por Fabergé, que se encuentra en el Museo de San Petesburgo, Rusia. (GETTY IMAGES-BBC)

Peter Carl Fabergé, nombrado «joyero imperial» por el zar Nicolás II. (GETTY IMAGES-BBC)

El zar Alejandro III junto a la emperatriz, María Feodorovna, y sus hijas. (GETTY IMAGES-BBC)

El «Huevo de la gallina», fue el primer huevo realizado por Fabergé para la familia real rusa. (GETTY IMAGES-BBC)

«El tercer huevo imperial», en una exhibición en Londres, Reino Unido. (GETTY IMAGES-BBC)


