Por medio de sus trabajos, Isidora establece una relación entre el ser humano y su entorno, rescatando sensaciones e identidades; la estructura de la ciudad, una que inherentemente revela historias y huellas culturales en incesante movimiento.
“Mi trabajo siempre ha estado relacionado con el lugar que habito y todo lo que ello implica: las sensaciones que generan ciertos espacios en nosotros y la manera en que nos relacionamos con nuestro entorno. De ahí que la arquitectura siempre ha sido un tema importante en mis proyectos; en el sentido de que ´habitar`, es lo que más hacemos a lo largo de nuestra vida y -en ese sentido- la arquitectura nos acompaña a diario, evoluciona en función a nuestras necesidades inclusive y conforme a ello, habla de un tiempo determinado, transmite una historia y una identidad, en función a un movimiento permanente de la ciudad que implica muchas veces destruir esa historia, esa identidad e incluso nuestra propia memoria en función a una “cuestionable” idea de evolución.
La artista chilena inaugura este martes 23 de Agosto su cuarta exposición individual, “Desaparecer” en @edificioalonso, de la mano de la galería @collectio_collectio. Durante una semana sus dibujos, pinturas e instalaciones convocan a un viaje por la memoria.
“Se ven espacios que ya no están o que estando ya no es posible acceder, son pedacitos de otro tiempo, pequeños destellos de memoria; una memoria que negocia entre el recuerdo y el olvido. Desaparecer se exhibe finalmente como una sombra, un deseo de apegarse a aquello que se aleja, de combatir el tiempo que se mueve, de revitalizar aquello que envejece; el mundo nos pertenece durante una temporada”, es parte del texto que introduce la exposición.
A horas de la inauguración de “Desaparecer” Isidora Villarino comenta a Artpost unas reflexiones sobre sus obras.
“Es un proyecto que desarrollé a partir de estudios en torno al tiempo, la memoria y el espacio; asuntos que los trabajé a partir de una sensación de ausencia. Fue así como por medio de distintas técnicas (dibujo, pintura e instalación, principalmente) desarrollé obras que nos permiten inferir, relacionar, pero nunca aseverar la totalidad de lo que vemos. Algo similar al proceso de hacer memoria, un tema transversal a lo largo de mi trabajo.
De esta forma, la muestra reúne una serie de obras inéditas que remiten a la manera en que avanza el tiempo. De ahí́ la presencia de imágenes y acciones repetitivas, acompañadas de una estructura que emula un reloj que no termina de avanzar, pues “nuestro tiempo” aún no ha acabado, aunque sin posibilidad de detenerlo o modificarlo, siempre esté latente la posibilidad de que desparezca.
Esa sutil relación con la muerte está siempre latente en mi trabajo.
-Nos dices que representarás esa ausencia a través del dibujo, pintura e instalación…
Me gusta mucho mezclar las dos disciplinas en mis proyectos. Mi obra es súper espacial y la instalación me hace pensar en la relación del espectador con el espacio directamente. Mas allá de observarlo en una obra bidimensional. Esa interacción me interesa mucho.
-Por ejemplo, en tu segunda exposición individual, “Estructural”, tu “trabajo de observación consistió en visitar obras arquitectónicas en proceso y reflejar cómo las estructuras van mutando hasta convertirse en el lugar donde ocurrirían determinadas historias humanas”. ¿Hay continuidad de aquello en “Desaparecer”?
Mis exposiciones son diferentes, pero continuas en el sentido de que orgánicamente un proyecto me ha llevado a otro a lo largo de toda mi carrera. “Estructural” que abarcó distintos espacios en construcción, me llevó a cuestionar la necesidad de demoler para construir, llevándome a mi siguiente proyecto ´nada es para siempre` que abarcó una serie de espacios característicos de nuestra ciudad ad portas a demolerse y la implicancia social que esto generaba y así sucesivamente. Ha sido muy bonito ir tocando diferentes temas que finalmente son parte de un mismo engranaje. En cuanto a la técnica, siempre desarrollo proyectos bajo una misma técnica, pero varío la manera de plasmarla según lo que intento transmitir. Creo que mi técnica de trabajo y las decisiones formales que he ido tomando a lo largo del tiempo, como el uso de B/N por ejemplo, son parte de una propuesta alineándose a lo que intento transmitir.

Foto principal: Sebastián Mejía (MAVI). Fotos de galería: Collectio
Exposición colectiva MAVI UC Arte Joven
Actualmente, Isidora Villarino es parte de la exposición colectiva del XV Premio MAVI UC Arte Joven, con la obra llamada “Homenaje”.
Entendemos que “Homenaje” se fue gestando sobre los recuerdos de una casa en particular. ¿Qué representa esa casa en tu vida y por qué decidiste representarla?
“Homenaje” lo desarrollé a partir de la recolección de una serie de guardapolvos de diferentes espacios de la casa de mi abuela, durante el período de remodelación de ésta. El lugar fue sede de cada verano de mi infancia y conforme a ello, cada objeto ahí presente guarda una historia y un tiempo detenido que está vivo en el recuerdo.
Si bien la obra pone de manifiesto la vulnerabilidad de los espacios que habitamos o recurrimos, aludiendo a la erosión no sólo de la memoria, sino también de la identidad, en la medida en que la ciudad va mutando a diario. La manera en que dispuse cada elemento en el espacio, emula un altibajo, quiebres, planos, aspectos que refieren a la vida misma, su historia y desenlace. La elección de cada pieza guarda relación con el paso del tiempo, el cual queda de manifiesto -más allá del objeto mismo- en las diferentes capas de pinturas que dejan entrever la manera en que un acontecimiento se antepone rápidamente a otro, hasta incluso relegarlo al olvido, construyendo incansablemente historia sobre historia. “Homenaje” es, a fin de cuentas, un intento de rendir culto a esos espacios y modos de vida que han dejado huella en nuestra historia, sin embargo, han cumplido su ciclo; siendo la memoria el único dispositivo que mantiene vivo lo que fue.






