«Carne de estatua», le decían illo témpore a quienes, por su destacada participación artística, social o política, merecían la inmortalidad en la forma de un monumento instalado en algún relevante punto de la ciudad para no olvidar su aporte.
Tal vez por esa misma razón, junto a la admiración, emergen cada ciertos períodos, pulsos igualmente simbólicos pero estimulados por emociones opuestas y entonces la ciudad asiste a la vandalización de estatuas y monumentos, como forma de extraño rechazo sicario a la figura o su legado. Ejemplos recientes son variados en Chile y diversos otros puntos del orbe.
Ícaro y Dédalo no son figuras políticas, ni propiamente artísticas, sin embargo han inspirado a escultores de todo el mundo, en su memorable osadía mítica de padre e hijo buscando la divinidad y libertad del vuelo con alas propias. Un ejemplo de aquellos está hace más de 80 años frente a la entrada principal del Museo de Bellas Artes del Parque Forestal realizado en bronce por la artista chilena Rebeca Matte e inaugurado en 1930, bajo el nombre de “Unidos en la Gloria y en la Muerte”.
Su larga estada en el lugar, junto a su opaco y oscuro color, la ha ido, empero, haciendo integrarse de tal modo al espacio citadino que, para miles de personas que circulan por esa área verde, pasa inadvertida, hasta que, aunque por razones distintas a la vandalización de otras esculturas que habitan en espacios públicos, las figuras de Icaro y Dédalo cobraron nuevamente presencia en la agitada habitualidad santiaguina luego que, tras daños sufridos en febrero de 2018 debido a un espectáculo de Fórmula Uno que pasó por las cercanías de su instalación debiera ser cercada y recuperada con una inversión de $43 millones, aunque horas después de su reinstalación fuera vandalizada mediante rayados con pintura spray.

La hermosa y perenne obra de Matte debió volver al taller de restauración y ocho meses después, en octubre de ese año, pudo volver a ser disfrutada por quienes pasean hasta hoy día por ese lugar.
Rebeca Matte Bello (1875-1929) es considerada como la primera y más talentosa escultora de la historia del arte nacional. Llena de tensión y movimiento, “Unidos en la Gloria y en la Muerte” es una composición que muestra claras influencias de Auguste Rodin sobre artista, por ejemplo, en lo inacabado de las formas y texturas de los cuerpos caídos, así como en que la pieza evade la frontalidad: la obra debe recorrerse circularmente para percibirse, obligando al espectador a estar en movimiento.
Su título original, “La muerte del aviador”, se cambió por el nombre que mantiene hasta hoy y que corresponde a la inscripción del pedestal elaborado por el arquitecto Carlos Swinburg para la inauguración de la escultura en 1930.
Existe una copia conocida como «Los Aviadores» correspondiente a un regalo que Chile le hizo a Brasil para el Centenario de su Independencia y que se inauguró en 1922 en la Plaza Mauá, en Río de Janeiro.
Rebeca Matte, quien en 1992 sería reconocida como la escultora más talentosa de la historia del arte chileno por el Ministerio de Educación, pareciera también proyectar sentimientos íntimos, asociados a una vida trágica, cruzada por la enfermedad y la muerte de su hija Lily.

Horacio

Su estadía en Francia e Italia
Hija de Rebeca Bello Reyes (s.f.-1923) y del diplomático Augusto Matte Pérez (1843-1913), la enfermedad de su madre y continuos viajes de su padre hicieron que Matte viviera su primera infancia al cuidado de su abuela materna.
A temprana edad su padre la llevó a Francia, donde pasó gran parte de su vida y realizó sus estudios de arte. Se inició en la escultura en 1897 en Roma, en el taller del maestro Giulio Monteverde (1837-1917) y de regreso en París continuó su formación en la Académie Julian, con los escultores Denys Puech (1854-1942) y Ernest Dubois (1863-1930).
En mayo de 1901, a los 25 años, se casó con Pedro Felipe Íñiguez Larraín (1873- 1929/1940), quien fue ministro de Obras Públicas en el último gabinete del presidente Ramón Barros Luco (1835-1919) y ministro de Culto e Instrucción Pública bajo la presidencia de Juan Luis Sanfuentes (1858-1930).
El nacimiento de su hija, María Eleonora Íñiguez (1902-1926), influyó en el desarrollo de su carrera artística y en su decisión de regresar a Chile en 1902, trasladándose junto a algunas de sus obras destacadas como El Eco (1900), Horacio (1899) y Militza (ca. 1900), que habían sido exhibidas con éxito en el Salón de París de 1900.
En 1905 regresó a Europa, donde su brillante desempeño la llevó a ser nombrada Profesora Honoraria de la Academia de Bellas Artes de Florencia en el año 1918, distinción concedida por primera vez a una mujer extranjera.
En los años siguientes, la artista destacó especialmente por la realización de importantes monumentos públicos que representan temas históricos, alegóricos y mitológicos, tal como se aprecia en Los héroes de la Concepción (1917) y Unidos en la gloria y en la muerte (1922).
Murió el 14 de mayo de 1929 en Florencia, Italia. En 1992 el Ministerio de Educación creó la distinción Rebeca Matte, en reconocimiento a una de las escultoras más importantes y talentosas de la historia del arte chileno.

Fotografía: Meer

