La editora argentina «Tren en Movimiento» lanzará la propuesta trasandina de «Nada se pierde con vivir» del poeta chileno Enrique Lihn en la feria del libro que este año tendrá a Santiago como ciudad invitada en el marco de la conmemoración de medio siglo del golpe en Chile, ilustrado por Jorge Quien, pintor e historietista, nacido y formado en artes en Santiago de Chile y que desde hace varios años vive, trabaja y publica en Buenos Aires.
Lector de poesía y estudioso de la pintura moderna, Quien comparte con Lihn la inconformidad de las formas y la indagación permanente de las variantes del arte, destacando entre sus libros de historietas (Humanillo, Planetoide, Bestinta, Anoche, Los Sofistas y De Pie, entre otros) que son pequeñas aventuras nacidas de la razón onírica, aunque encausado con el propósito de poner en tensión los límites del dibujo, escudriñando la síntesis en la ilustración y la tensión de la cuerda de la representación plástica en zona de historietas y de qué forma decantar de las palabras su esencia escenográfica.
Lautaro Ortíz, de Página 12, recuerda que cuando Quien accedió a los famosos tres monólogos de Lihn no dudó en advertir la conexión existente entre tinta y palabra, entre escritura y visión estampados en “Monólogo del padre con su hijos de meses”, “Monólogo del viejo con la muerte”, ambos ligros publicados en La Pieza oscura de 1963, y “Monólogo del poeta con su muerte” que integra el libro Poesía de paso de 1966.
Quien señala al periódico trasandino que “El primer contacto que tuve con su poesía fue a principios de los 90, con el libro A partir de Manhattan. Me llamó la atención la cita constante de referencias culturales, sobre todo pictóricas: Hopper, Monet, Bacon, Gutiérrez Solanas, Turner. Luego me llegó una separata de una revista cultural chilena donde venían agrupados los tres monólogos. Los dos primeros los compuso para los Juegos de Poesía del año 56 en Santiago. Era un concurso de poesía oral donde los poetas recitaban sus propios poemas. Es decir, fueron pensados para el público, no así el tercer monólogo. Lihn obtuvo en ese certamen el primer lugar. La lectura reunida de esos tres poemas me produjo un gran impacto, sentí la vida misma reunida, el tránsito de una vida común y corriente, reflejada en poderosas pinceladas. Los monólogos tienen una cualidad visual, son una especie de cortometraje, que gatillaron imágenes y el deseo de ilustrarlos. Todo un desafío tratándose de Lihn, dibujante, escritor, crítico, performer, un artista integral. Pero como yo también soy un artista medio multifacético, además de la historieta practico la pintura, la instalación e incluso la performance, me arriesgué”.
El trabajo, dice Ortíz, le demandó a Quien casi 13 años de estudio y ensayo hasta que en 2013 se editó a través de la editorial DasKapital en Santiago de Chile. “Me llevó mucho tiempo de idas y venidas, pruebas y errores. Al final, cuando reuní las últimas fuerzas y lo encaré, salió de una, la tinta fluyó sin pausa hasta el final”, recuerda el dibujante sobre aquellos tiempos donde, además, comenzaba a dar a conocer sus historietas en el país a través de la revista Fierro.
La publicación trasandina señala que «Nada se pierde con vivir no es una versión, ni una adaptación, ni una reinterpretación de los poemas de Lihn al lenguaje de la historieta, lo correcto sería hablar de una relectura, de una puesta escenográfica de las palabras, de una traslación del sonido de las palabras al pulso del grafito. Cada verso de los monólogos (textuales, inalterados) se convierten en artefactos explosivos que hacen emerger de la memoria visual de Quien una sucesión de imágenes a veces con la velocidad y lógica asociativa de elementos propios de los videoclips. Cuando el poema exige silencio, apela al blanco, al negro pleno y al poder de las tramas».
El escritor Pablo De Santis en el prólogo que acompañó a la edición chilena reflexionó acerca del difícil y poco frecuente arte de conectar la poesía y el dibujo señalando: “No podemos hablar de adaptación en sentido estricto, porque en toda adaptación hay palabras que se pierden en el camino. Aquí, en cambio, están los textos íntegros de Lihn. Jorge Quien lee, ilustra y sueña los textos sin cambiarlos».
Ortíz apunta que Lihn le confesó al poeta Pedro Lastra que en sus tiempos como estudiante de artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile advirtió que la literatura empezó a debilitar su “concentración” sobre el dibujo a tal punto que, dijo, “sospeché que eran ilustraciones de textos no escritos”. Más tarde Lihn invirtió la ecuación: abandonó la universidad y comenzó a escribir poesía, entonces el dibujo se convirtió en una coordenada subterránea innegable para la comprensión de su obra en verso. Toda la poesía de Lihn, desde su primer libro Nada se escurre (1949) hasta su último Diario de Muerte (1989), parece provocar/convocar/desafiar a quien la quiera dibujar. Al final de su texto De Santis se pregunta: “¿Qué es ilustrar un cuento, una novela, un poema? ¿Es acercar a las palabras aún más a la realidad o es llevarlas al mundo del sueño? Creo que Quien ha tomado los dos caminos a la vez”.
Los interesados en conseguir antes un ejemplar deben escribir a trenenmovimiento@gmail.com





