Uno de sus últimos trabajos artísticos despertó la curiosidad de los espectadores en la última versión de la Feria de Arte Contemporáneo Ch.ACO realizada en noviembre pasado en Santiago. Un largo vestido blanco en un maniquí se encontraba “invadido” de distintos colores: en la orilla, los brazos, el torso y parte de la espalda. Su análisis, generaba cuestionamientos e incluso agobio. Esos “imanes” de color, eran pastillas de distintos tamaños y formas. Muchas.
La misma intriga genera la artista chilena Fernanda Gutiérrez (Santiago de Chile, 1973) en Context Art Miami, realizada en noviembre y principios de diciembre. Zapatos blancos con pastillas. Guantes blancos con pastillas.
“Mi obra es mayoritariamente autobiográfica y es producto de la educación represiva que recibí basada en la tradición y la religión. Esta formación a la que denomino “deformación” me generaron sentimientos de impotencia y frustración. Poco a poco, la impotencia se convirtió en miedo. El miedo se convirtió en sumisión. Acepté que las reglas sociales y religiosas me protegerían de mí misma, de mis deseos y de mi humanidad. Los temas más recurrentes son: educación, autoestima y juicio social”. ( Galería La Sala)
Son las palabras del artista Arturo Duclos las que también interpretan el trabajo de la artista, la que suele trabajar con instalación, objetos intervenidos, escultura, fotografía y performance.
“La obra de Fernanda Gutiérrez indaga sobre ciertos aspectos de nuestra sociedad, más específicamente, el tipo de educación que recibimos siempre orientada a modelar y formar individuos tipo, normalizados, que puedan encajar en un esquema social donde se prioriza el tener y parecer por sobre el ser”.
“El fundamento de la educación actual consiste en garantizar el éxito del individuo, quien podrá responder a los estándares exigidos por la sociedad y sus expectativas, como una máquina, en la que todas sus piezas funcionan de manera coordinada, monótona y automatizada. Para cumplir con este propósito, padres y educadores en forma concertada buscan adiestrar versus educar, a cualquier costo, transformando las individualidades en una gran masa”.
“De este modo, la artista pone en evidencia el uso y el abuso de medicamentos reguladores del ánimo y la concentración, así como también de ciertas sustancias que buscan anestesiar la mente y evadir la reflexión en aras del proyecto educativo y de construcción de la sociedad. La metáfora de la bandada en fuga evidencia estos mecanismos de poder y liberación, bajo el signo de la industria farmacológica”.
Una preocupación constante en la obra de artista, cuando hemos visto otras exposiciones en la que los estereotipos, los roles familiares y de género, también la religión, se ven cuestionados en su quehacer artístico. Incluso, lo ha representado de manera autobiográfica.
En una de sus muestras, “Pasado Perfecto”, la artista encarna diferentes personajes femeninos y se caracteriza como hija, madre, suegra, asesora del hogar, entre otros. La obra “Las Mujeres del Mal” era una reflexión acerca de la sociedad chilena más conservadora y cómo sus códigos afectan profundamente la vida de las personas que crecen bajo su alero.
En “Omnipresencia”, Fernanda Gutierrez recurría a “ojos de colores”– similares a los de su familia- para mostrar lo acogedor de un Dios omnipresente como lo “feroz” de su eterno control. En “Pasado perdido” bancos escolares con abrazaderas o correas reflejaban la intención de mantener al niño en la posición deseada.
“Los adultos funcionamos desde el miedo, por eso preferimos modelos que eduquen a los niños de acuerdo a “lo esperado” aunque no sea lo mejor para ellos”, señala la artista.





