Con 23 pisos según el proyecto original, en 1971, el entonces Presidente Salvador Allende encargó al arquitecto a cargo, Miguel Lawner añadir un duplex de uso privado. Así, el 3 de abril de 1972 y con la solicitud ya cumplida en tiempo récord de edificación de 275 días gracias a miles de voluntarios-, se inauguró en Alameda el edificio que albergaría a la UNCTAD III, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en el Tercer Mundo, evento que se concretó diez días después de que la obra estuviera lista.
José Covacevic, Hugo Gaggero, Juan Echenique, José Medina y Sergio González fueron los cinco arquitectos a cargo de la construcción del edificio. El único que sobrevive es Gaggero, quien en 2021 y con 93 años lanzó el libro «Del idilio a la destrucción», donde plantea que el rol del GAM es ser un inmueble destinado a la cultura del pueblo, «cosa que no se estaría cumpliendo».
En septiembre de 1973, tras el bombardeo en La Moneda, Augusto Pinochet trasladó a la Junta Militar al inmueble y cambio su nombre a Edificio Diego Portales. Con los años y la reconstrucción de La Moneda en marzo de 1981, la Junta se reubicó en el palacio presidencial y el Edificio Diego Portales pasó a ser sede del Ministerio de Defensa, el Poder Legislativo y Carabineros de Chile. La Torre Villavicencio -que sobrevivió al incendio del Diego Portales en 2006- siguió siendo ocupada por Defensa hasta 2017 y pasó a Bienes Nacionales en marzo de 2018.
Tras una larga desocupación del edificio, a fines del segundo mandato de Michelle Bachelet, en 2017, el gobierno comprometió a distintas ONGs que se les entregaría el inmueble para su uso, pero esto nunca se cumplió. Entre otras, la Fundación Víctor Jara, Villa Grimaldi, la Venda Sexy, las Corporaciones del Trasplante, el Consejo de la Infancia y Humanas fueron algunas de las organizaciones sociales que quedaron abajo del ansiado proyecto que pretendía bautizar a la torre como el “Edificio de la Ciudadanía”. Desde ese momento hasta ahora, el inmueble sigue -como dijo Miguel Lawner para una entrevista en Diario UChile- “en busca de su destino”.
En abril de 2018, Felipe Ward, entonces ministro de Bienes Nacionales del gobierno de Sebastián Piñera, dio a conocer que el inmueble se había declarado inhabitable luego del terremoto de 2010, según un informe hecho por la División de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Su recuperación se informó, costaría casi $20 mil millones y demoraría de tres a cuatro años, cifra con que el ministerio no contaba.
Para decidir qué hacer con el inmueble, la cartera de Bienes Nacionales lanzó una consulta ciudadana desde mayo a junio de 2018 y un 73% contestó que se requieren recursos públicos para que este emblemático lugar sea refaccionado; 32% cree que deben habilitar con urgencia espacios para la salud; el 20% para educación; y el 15% para la primera infancia, resultados que coincidieron con lo que el alcalde de Santiago de ese entonces, Felipe Alessandri, venía solicitando a esa cartera sobre el destino de la Torre Villavicencio.
De allí que, a mediados del 2018, Alessandri, junto a la subsecretaria de Educación Parvularia, María José Castro, pidieron a Bienes Nacionales la adjudicación de la torre para el municipio. Hubo una entrega simbólica del inmueble para la Municipalidad de Santiago, pero no llegó más lejos que eso por igual problema presupuestario.
Luego del 18-O de 2019 y el reordenamiento del gabinete, Bienes Nacionales quedó bajo el mando del abogado Julio Isamit, quien también buscó forma de recuperarlo y permitir que hubiera un uso mixto, entre los cuales una iniciativa de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile apuntó a convertirlo en un museo sonoro y un mirador, lugar para la investigación y talleres artísticos, mientras la explanada frente a la torre sería una galería escultórica al aire libre.
Tras otro fracaso de esa propuesta, Isamit intentó destinar el edificio a organismos públicos -como ministerios y entidades estatales-, o entregársela a organizaciones sociales. Pero en ambas el gasto público era muy alto. En 2020, su avalúo fiscal superaba las 300.000 UF y los proyectos de recuperación iban de las 78.000 a las 700.000, según Isamit. Otro proyecto fue destinar el inmueble a Desarrollo País, empresa pública que impulsa proyectos de infraestructura nacional, “pero se nos acabó el gobierno”, sentencia el exministro.
Recuperación cultural
La altura de la Torre Villavicencio tiene una reconocible fachada de colores grisáceos y resalta el cobrizo de la azotea. Por dentro, sus pisos son alfombrados y otros se mantienen con madera. Su aspecto interior, aún con oficinas con carpetas llenas de documentos y papeles y entrada a los ascensores bloqueada por cajas, muebles y otros obstáculos, evidencian su estado de abandono.
El historiador UC, Sergio Durán, señala que “es un edificio que tiene una carga histórica importante no solo por su significación original, sino que también por sus distintos contextos y usos”. Y es que, entre el fin de la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en el Tercer Mundo, y el golpe militar, el edificio fue entregado al Ministerio de Educación.



Interiores y terraza-helipuerto de la torre Villavicencio. (Créditos:DF)
Se le bautizó Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral y en él se abrió un espacio para el desarrollo de las culturas, las artes, la vida social y la discusión política.
El arquitecto Miguel Lawner, por su parte, en un video que subió recientemente a la cuenta de YouTube del Ministerio de Bienes Nacionales, muestra una reunión que hubo entre la titular de esta cartera y la de las Culturas, con Lawner y Hugo Gaggero, uno de los cinco arquitectos que estuvieron detrás de la obra. En el video las ministras detallan que se destinará la torre a un “espacio para las culturas”.
Consultados por DF MAS, desde el Ministerio de Bienes Nacionales no entregaron detalles sobre lo que se planea con la torre, pero la ministra Javiera Toro asegura que están trabajando “desde hace varios meses en la recuperación de este edificio emblemático de Santiago, como un espacio que rescate la vocación pública con la que fue construido”. Además, informó que se conformó una mesa tripartita entre Cultura, el MOP y Bienes Nacionales, con la supervisión de Presidencia. Su par de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Julieta Brodsky, dijo que la idea de la mesa es “elaborar una propuesta para la habilitación y recuperación de esta infraestructura pública, histórica y patrimonial”.
Diversos especialistas coinciden en lo valioso que es entregar el espacio a las culturas debido al entorno en el que está el edificio, con el GAM y el Barrio Lastarria, pero aseguran que también es importante pensarlo con más de un uso único y espacio para toda la comunidad. Para el historiador Durán, que se entregue a las artes y al mundo cultural, significa una “recuperación del sentido original de este edificio”.
En sus inicios, el edificio fue lugar de exhibición de numerosas obras de arte instaladas con ocasión de la UNCTAD, pero la Junta Militar solo mantuvo el mural de José Venturelli, que se llama Chile (1972) y que muestra figuras de trabajadores, indígenas, pájaros, el mar y volcanes del país. También se recuperaron dos óleos de Roberto Matta -que se fueron al Bellas Artes y al Museo de la Solidaridad- y un tapiz de Gracia Barrios. Del resto se desconoce su paradero. (Fuente: Diario Financiero MAS)
(Foto principal: Chile (1972), mural de José Venturelli. Edificio UNCTAD-DF)

