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Representantes en Chile del organismo de las Naciones Unidas especializado en la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), evaluaron in situ el impacto del incendio forestal que afectó al sector catalogado como Patrimonio de la Humanidad de la isla y que daño a 80 moáis.

El siniestro se produjo a principios de octubre en los alrededores del volcán Rano Raraku ocasionando que diversos moai quedaran totalmente calcinados y con daños irreparables

La visita de Unesco permite la activación de un fondo de emergencia de US$ 100 millones para Rapa Nui a la que se suma la ayuda ofrecida por el Gobierno Regional, quién hará la entrega de 100 millones de pesos para la elaboración de un plan rápido de mitigación de los incendios forestales, según informó radio Bio Bio.

Pedro Edmunds Paoa, alcalde de Rapa Nui, mostró preocupación ante la ausencia de comprensión por parte del gobierno frente a las estrategias de prevención desarrolladas. “Estamos muy agradecidos de que ellos rápidamente hayan venido a la isla (…) pero el problema sigue latente, y me temo que esos incendios van a seguir en el futuro”, indicó Edmunds.

La directora de la Comunidad Indígena Mau Henua, que administra el parque nacional Rapa Nui, Nancy Rivera, aseguró que la comunidad está preparada para manejar los incendios forestales y así mantener bajo cuidado la seguridad de los turistas.

En paralelo, el diputado, Hotuiti Teao, hizo un llamado al Gobierno para trabajar en una aeronave que ayude a lidiar con los incendios que se producen en lugares geográficamente complejos para acceder.

Teao dijo que «reiteramos la solicitud al subsecretario de Interior, Manuel Monsalve, de que nos reciba y podamos trabajar juntos por una aeronave, que logre combatir las llamas en lugares complejos geográficamente”.

Las autoridades manejan la hipótesis de que el incendio tuvo un origen intencional. «Esta quema fue producida por los productores ganaderos por los pastizales. Todo indica aquello», declaró el ministro de Agricultura, Esteban Valenzuela.

Rapa Nui está ubicada a unos 3.500 km al oeste del continente americano en medio del océano Pacífico y habitada por unas 8.000 personas. El incendio sucedió dos meses después de que la isla se abriera de nuevo al turismo tras dos años y medio cerrada por la pandemia de coronavirus.