La artista argentina Elda Cerrato (Asti, Italia, 1930) fue galardonada el este viernes con el Premio Velázquez de las Artes Plásticas 2022, que entrega el Ministerio de Cultura de España y que reconoce la totalidad de la obra de un artista iberoamericano en el ámbito de las artes plásticas.
El fallo del galardón,dotado con 100.000 euros, reconoce que «en su obra se entrecruzan territorios aparentemente inconexos: búsquedas espirituales, indagaciones esotéricas, politización radical, capacidad anticipatoria del arte, y una especial llamada de atención sobre la fragilidad de la institucionalidad democrática en América Latina”, señala el fallo del jurado del premio, hecho público en Madrid y publicado por El Heraldo, con nota de EFE.
Cerrato es una artista visual, docente e investigadora que vive y trabaja en Buenos Aires. En su trabajo siempre ha estado presente la memoria personal y colectiva. Junto a su pareja, el músico experimental Luis Zubillaga, integró desde los años cincuenta los primeros grupos del maestro místico Gurdjeff en América Latina y otras búsquedas espirituales y filosóficas alternativas.
En los sesenta estuvo muy cercana a Aldo Pellegrini, Juan Carlos Paz, Oscar Masotta, vinculada al Instituto Di Tella y más tarde al CAYC. Vivió en Venezuela en los años 70, durante la última dictadura militar argentina, donde estuvo activamente integrada en el medio cultural de Caracas y, en particular, en el grupo El Techo de la Ballena
En 2015, la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde impartía clases, publicó ‘La memoria en los bordes’, que reúne sus archivos, junto con textos de distintas autoras e investigadoras.
En 2021, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizó una exposición antológica de su obra bajo el título ‘El día maravilloso de los pueblos’. En la actualidad,trabaja junto a su hijo Luciano Zubillaga, en el proyecto audiovisual ‘Family Reunion’, que se presentará en el Museo de Arte Moderno de Shanghai y para el que está empleando imágenes de su propia familia.
La pintora argentina sigue trabajando, ha recibido este premio como «una sorpresa muy conmovedora». La artista experimental, de pensamiento complejo y lúcido, comenzó estudiando bioquímica. Desde muy pequeña se preguntaba «sobre el misterio de la vida» y quería respuestas, pero pronto se dio cuenta de que allí «no iba a recibirlas» y cambió la ciencia, primero por el dibujo y luego por la pintura, explica en una entrevista con Efe.
Esos primeros años, sus obras reflejan su interés por la ciencia con figuras orgánicas, pero también muestran sus estudios místicos en la ‘Escuela del Cuarto Camino’ de George Gurdjieff, o sus investigaciones geométricas, que dan lugar a obras más informalistas y abstractas.


Con el paso de los años y su vida en Venezuela, su trabajo comienza a reflejar las tensiones de la región y se convierte en testimonio de la historia del Cono Sur. Es cuando comienzan a aparecer en sus obras los mapas que retratan países y territorios del continente americano, acompañados por sus habitantes y las tensiones de la región.
La única constante en su valioso legado que ha desarrollado a lo largo de seis décadas es la memoria, individual y colectiva, un tema en el que América Latina y España, dice, cuentan con «muchas similitudes» y memorias bien sea por la necesidad de «conservarla» en épocas de conflictos ideológicos, como la de retratar lo que ha desaparecido, pero permanece en el tiempo «como si fueran sombras».

